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Santa fe cayó anoche de manera contundente ante Cerro Porteño en Asunción y quedó eliminado de la Copa Sudamericana.

La frustración en la parcialidad albirroja es grande, pues el sueño de defender con éxito el título alcanzado en este campeonato el año anterior, se convirtió en una pesadilla. En esta edición del torneo continental, Santa fe pasó con más pena que gloria.

Para salvar esta temporada el equipo de Bogotá tendrá que concentrarse en los dos torneos locales en los cuales aún pelea con opciones: la Copa y la Liga Águila. Para la historia quedará el sueño frustrado de disputar y ganar la Recopa Suramericana y la Copa Sudamericana, y el registro de haber llevado a las vitrinas del club el único trofeo intercontinental que hasta la fecha tiene el fútbol colombiano: la Copa Suruga Bank, paliativo a la hora de los balances.

Anoche Santa fe confirmó que le faltó actitud para enfrentar compromisos calientes en calidad de visitante. En ambos juegos, ante River Plate en la Recopa y ante Cerro en la Sudamericana, el equipo entró nervioso, dormido e inseguro. Los resultados quedaron a la vista: antes de los 10 minutos hipotecó en ambos casos el resultado y aunque luchó y casi alcanza la clasificación ante Cerro Porteño, finalmente quedó eliminado de manera dramática.

Ese factor común lleva a esta Platea a buscar los orígenes de esta frustrante temporada: nunca entraremos a señalar culpables individuales, no es nuestro estilo, pero sí debemos buscar las causas que explican esta colección de desaciertos colectivos.

Más allá de los traumatismos generados por los cambios en la dirección técnica del equipo en corto tiempo, de Pelusso a Alexis García y de éste a Gustavo Costas, consideramos que de tiempo atrás el proceso de renovación de la nómina cardenal no fue exitoso. A medida que fueron saliendo baluartes de los más recientes triunfos en la historia roja, quienes ocuparon esas plazas nunca alcanzaron el nivel de juego individual y colectivo esperado.

De Santa fe salieron en los últimos tiempos Camilo Vargas, Yerry Mina, Francisco Meza, Sergio Otálvaro, Daniel Torres, Luis Carlos Arias, Luis Manuel Seijas y Wilson Morelos. También abandonó (literalmente) el club Luis Quiñones, espléndido jugador, pero con graves problemas de disciplina. Sin temor a equivocarme, quienes han llegado, (e incluso ya se han ido), no tienen la altura futbolística ni la jerarquía de sus antecesores.

De manera que estos resultados tienen su origen en una paulatina disminución del potencial del equipo, que eso sí, guapea, corre, raspa y lucha, pero que adolece de experiencia para enfrentar retos de alto voltaje.

Es posible que Costas logre levantar anímicamente al equipo y estabilice una nómina titular, ya que se acaba el sambenito de rotar jugadores, buscando “que estén frescos” físicamente, puesto que se acabaron los largos viajes continentales. Esperamos que los jugadores profesionales del plantel tengan una condición física suficiente para jugar miércoles y domingo, como acontece en casi todos los torneos del mundo.

También esperamos que los jugadores terminen por entender el plan de juego de Costas, siempre vertiginoso y basado en el derroche físico. Si lo logran, es posible que Santa fe sea un duro rival en las finales si logra clasificar.

Los hinchas santafereños, acostumbrados a sufrir y arañar buenos resultados por tantos años de sequía, ya no quieren más de esa medicina. También probaron las mieles del triunfo y tienen derecho a soñar con que estos años exitosos no fueron un sueño del que empiezan a despertar para volver a esa trágica historia de frustraciones y sinsabores.

El camino se puede recomponer, pero ojalá los jugadores y directivos reconozcan que algo no ha salido bien. Vivir del pasado no puede ser una opción. Labrar un buen futuro es el deber de quienes están al frente de la institución bogotana.

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