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El invicto de Nacional y la posibilidad de que la Selección Colombia sea cabeza de serie son premios que se pueden volver en armas de doble filo. A no confundirse.

Tanto le ha costado a Colombia volver a un Mundial que a pocas horas de enfrentarse contra Chile, todo un país está ansioso por el partido. Sin embargo, en vez de encarar este juego cómo una final, algunos hablan de «el orgullo de ser cabeza de serie y de la nueva camiseta para el Mundial». A tal punto que en su columna radial de Palabras Mayores, Carlos Antonio Vélez afirmaba que el partido de mañana es importante porque sirve para definir quién de los dos equipos es cabeza de serie en Brasil 2014.

Hasta el más pesimista sabe que Colombia va a jugar el próximo Mundial. Sin embargo, esa posibilidad no se ha materializado matemáticamente. Puede que falte un punto pero hasta que no se concrete hay que encarar el partido contra Chile tal como lo hacen los ecuatorianos contra los uruguayos: «cómo el partido más importante de nuestras vidas«. Gracias a Dios, tanto José Pekerman cómo los jugadores bajan línea en el sentido que primero hay que asegurar la clasificación y luego pensar en ser cabeza de serie.

Cuando la euforia desborda a un país futbolero pero con precaria cultura deportiva vuelven los fantasmas del 94 en libros cómo el de Mauricio Silva y en los capítulos del libro de Fernando Araujo Vélez que El Espectador ofrece por entregas sobre el narco-futbol para liquidar a la soberbia. Sin embargo, si no hubiera existido el Mundial del 94, todo el país daría cómo favorita a una Selección que es quinta en el ranking FIFA y colocó a su máxima figura -Falcao- en la selección ideal del 2012. El mundial del 94 es un antibiótico que mitiga una enfermedad pero no la elimina del todo.

En silencio, la gente vuelve a decir, cómo hace 20 años, que Colombia está en el cumbre del fútbol mundial y que por eso es cabeza de serie. No importa que encabezar un grupo sea un arma de doble filo y pueda colocar a Colombia en un grupo con Inglaterra, Suiza y Ghana. Sólo importa codearse con los mejores, que el fútbol le dé a Colombia el lugar que sus habitantes en el fondo consideran que el país debe estar: en el primer mundo, a pesar de Santos, Petro, las FARC y los congresistas que estrenan «una miserable prima salarial».

Cuando Colombia fue a Italia 90 estaba instalada en el cuarto bombo y en Francia 98 fue el último equipo en salir sorteado. Ahora sólo se habla de ser cabeza de serie gracias a que la FIFA prioriza el presente y no el pasado. Sin embargo, Colombia va a llegar a un mundial tras 16 años de ausencia y con unos paupérrimos precedentes históricos: si en Italia 90 no hubieran existido los mejores terceros, Colombia hubiera quedado eliminado en la primera ronda.

Por eso el objetivo de la selección a corto plazo es recuperar el fútbol que surgió hace un año en Santiago de Chile y sólo se ha vuelto a ver a cuentagotas y a mediano plazo romper con un pasado de frustraciones y hacer un campeonato similar al de Paraguay en Sudáfrica 2010. Material hay para pasar a la historia siempre y cuando el país encare lo que viene con la humildad y el hambre que acabaron con uruguayos y chilenos en septiembre del año pasado.

Por otro lado, ni el más optimista hincha de Nacional hubiera imaginado hace tres meses este presente. Con el mismo técnico que fue más criticado que Merlo y que nadie entendía, el cuadro antioqueño lleva 29 partidos sin perder, colocó a un ignoto Franco Armani en la historia y se convirtió en el equipo que más rápido se clasificó a unos cuadrangulares finales. Con el título, el equipo verdolaga se quitó un peso de encima, interpreta las ideas de su entrenador y la tan mentada rotación ha terminado ser la base de su éxito.

Nacional se encuentra en el pico más alto del rendimiento en tres campeonatos. Parece invencible y los números son el reflejo de su gran momento. Pero son una trampa: de nada sirve ser el mejor en octubre para terminar sucumbiendo en diciembre. El invicto en vez de ser una motivación, termina siendo una carga: todos los rivales quieren ganarle -en especial los grandes del continente y no Inti Gas, Guaraní y Bahía- y los objetivos se modifican.

Historia de invictos que no sirven para nada hay a montones. El mayor invicto del fútbol colombiano (las 29 fechas de Millonarios en el 99) fue hecha por un equipo eliminado en la segunda fecha de su Cuadrangular. Hungría llegó con un invicto de tres años a la final de Suiza 54 para perderlo en la final, el único partido que no debía hacerlo. El 5-0 que tanto daño le causó al fútbol argentino (a tal punto de casi dejarlo sin Mundial) fue dos semanas después de perder un invicto de 33 fechas.

Ser cabeza de serie en un Mundial y ser el equipo que más partidos -sumando todas las competencias- lleva sin perder en Colombia son premios a un gran trabajo pero pueden marear y desorientar a equipos que ni siquiera se han puesto el smoking para la gran cita. Todavía falta mucho para diciembre de 2013 y para junio de 2014 y es ahí donde los números deben relucir a la par de la gloria deportiva. Lo demás, es comerse la torta sin que lleguen los invitados.

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Soy Mauricio Hoyos Echeverri y a los 33 años siento que todavía no ha arrancado mi historia a pesar de que mis títulos de Periodista y Magister en Comunicación digan lo contrario. Con los pies en la Argentina llevo a Colombia en el corazón.En la vida tengo dos prioridades: servir a los demás de la misma manera que nos ama Dios y pensar siempre en una pelota de fútbol.

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9 Comentarios
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  1. A lo que voy es que no estoy de acuerdo con decir que de nada sirven ser el mejor en octubre para terminar sucumbiendo en diciembre… osea que los procesos para usted no tienen importancia? solo resultados? se puede ser el peor todo el a

  2. Este articulo es muy obvio… siempre encontramos personas optimistas, otras pesimistas, otras que viven en el pasado, otras que se mantienen en el futuro y otras que disfrutan del presente, el presente es lo

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