Es mejor que deje las cosas así. Váyase de una vez por todas. ¿No le parece que ya es suficiente? Usted lleva ya muchos años exhibiendo su talento por todo el planeta con la camiseta del Barcelona o con la de la selección argentina ganando balones de oro, botines de oro, títulos españoles, europeos e intercontinentales e inscribiendo a la selección argentina como finalista de los últimos torneos en los que ha participado.

Nos cansamos de ver cómo construyó su leyenda de mejor jugador del mundo sacrificando, desde su infancia, la vida familiar y sometiéndose a una férrea disciplina de tratamientos médicos para ver si a punta de inyecciones diarias, era capaz de ganarse unos centímetros de más y así alcanzar siquiera los 1.70metros para poder enfrentar a los mastodontes que lo han tratado de detener en el campo de juego a las buenas o a las malas.

Qué pereza seguir identificándolo como un ejemplo para millones de niños en el mundo que sueñan con ser como usted y que cuando les dicen a los padres que su ejemplo es el tal Leo, entonces uno puede decir que eso se logra con trabajo, esfuerzo y sin renunciar a los sueños.

Váyase del fútbol. Váyase con su estilo de vida casero y familiar, construido con el amor de su vida, la novia de barrio de las ya lejanas  épocas de poco dinero en las cuentas bancarias. Así quedará claro que para ser estrella hay que vivir al ritmo de los flashes y de las luces de neón de los sitios nocturnos de moda, en compañía de modelos protagonistas de los chismes de las revistas del corazón.

Deje de volar sin chistar entre Barcelona y la ciudad del mundo donde juegue la Argentina. ¿Para qué lo hace? ¿Para no cantar el himno nacional en los momentos previos al juego, ni ponerse la mano en el pecho demostrando así que es un “pechofrío” que no siente a su país? Debería tomar como ejemplo a tantos políticos latinoamericanos que se conmueven ante los símbolos patrios y después no son consecuentes con ello, cuando deben trabajar por sus electores. Tómelos como ejemplo, señor Messi. Ellos sí saben darlo todo por su patria.

No nos venga más con ese ejemplo de querer llegar cada vez más lejos. Deje de mostrarnos lo que significa ejercer una profesión con verdadera pasión. Esa maña suya de querer jugar siempre, ganar siempre, superarse  siempre  ¡qué cosa tan aburridora!

Reconozca que quienes lo critican en las redes sociales tienen la razón. Todos aquellos que lo señalan por botar ese penalti en la definición de tiros desde el punto de los doce pasos en la final de la Copa América están en lo cierto y en lo justo. Usted les demostró que es humano. Que tan solo es un extraordinario jugador de fútbol, con un talento inmenso y que a veces se equivoca y golpea mal el balón. Les demostró que esos misiles que es capaz de lanzar, como lo hizo en el partido contra Estados Unidos, no son disparados por un sofisticado sistema balístico de alta tecnología, sino que simplemente salen de su pierna izquierda,  como resultado de un talento innato y del perfeccionamiento del golpe después de muchísimas horas de entrenamiento por varios años. Ya quedó claro que a veces falla. ¡Queda condenado por eso!

Hágales caso y olvide a los millones de seguidores suyos que hemos disfrutado  su talento en los campos de juego. Ignore a todos esos niños en el mundo entero que cuando llega la navidad, sin importar su nacionalidad, sueñan con que el regalo sea una camiseta con los colores de Argentina marcada con el número 10 y su apellido en la espalda, y así  salir en los recreos, en las calles de barrios y barriadas, en preciosas gramillas o en potreros, en centros urbanos o en polvorosas veredas perdidas en lejanos desiertos o selvas, para ser usted por un rato.

Con su renuncia a la selección Argentina de fútbol, usted les hará caso a todos aquellos que se resignan ante las dificultades. A quienes lo quieren todo rápido, a quienes sucumben ante las dificultades.

Pero usted no es eso, Leo Messi. Usted es todo lo contrario. Usted es hoy, para muchos, un símbolo de la búsqueda de la excelencia través del trabajo, del esfuerzo, de la disciplina. Pero sobretodo, es un ejemplo de un camino que pueden recorren millones de niños en el mundo para alejarse de la violencia, de las malas amistades, del mal camino.

Los jóvenes de este mundo convulsionado necesitan espejos como usted, en los que puedan verse reflejados. No los prive, renunciando a la selección argentina, de ese modelo de vida, en el que los grandes logros llegan de la mano de la pasión por un oficio.

Espero verlo en septiembre comandando el ataque argentino en sus juegos contra Uruguay y Venezuela.